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Espacio Personal
David Castro, Nacido en Lima, con doble nacionalidad española y peruana, y residente en Barcelona desde 1987, es ingeniero economista. Ha cultivado una profunda conexión con las artes a lo largo de su vida, dedicando décadas a desarrollar de manera autodidacta tanto disciplinas visuales como la escritura, con un enfoque particular en la poesía. Desde 2020, estudia Arte en la Universidad Oberta de Catalunya, lo que ha ampliado aún más su comprensión y apreciación del arte en sus múltiples formas.
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La siguiente reflexión final es un resumen de mi recorrido por la asignatura Investigación Artística.
A través de las actividades realizadas, he explorado diversas dimensiones de esta disciplina. El Reto 1 fue fundamental para profundizar en la base teórica mediante los argumentos de Gerard Vilar y el concepto de «percepto». El análisis del ensayo visual «Una oportunidad para aprender» me reveló que el arte genera un conocimiento sensible y experiencial que no requiere de una validación verbal explícita o científica tradicional para ser legítimo.
En el Reto 2, el análisis comparativo entre el «Banana Leaves Mural» de Erika NJ Allen y el proyecto «California» me permitió distinguir entre la investigación «para» y «a través» del arte.
Finalmente, el Reto 3, con la creación del «Manifiesto Indomito» junto al colectivo L@s Indomables, consolidó mi posicionamiento ético y quizás también reafirmo mi posición ecléctica y apolítica, para mostrarme todo lo político que se puede ser.
Aprendo que el artista-investigador actúa como un facilitador y aglutinador de pensamiento, responsable de revelar lo que permanece oculto o tabú en la sociedad, y le da voz, aglutinando comunidades, pensamiento, y actuaciones. Y que esta dispuesto a permanecer en el anonimato con el objetivo claro de lograr el proposito establecido. Y que la producción comunitaria demanda un sobre-esfuerzo y un gran compromiso ético del artístico.
En mi práctica personal, estos aprendizajes se materializaron en obras como la acuarela «El plátano, como símbolo de lucha y resistencia», donde apliqué la investigación como un proceso de reflexión sobre la identidad y la resiliencia. Así mismo, mi primer acrílico “… quizás Noruega”, pone en el lienzo lo que se queda en la mente, luego de recorrer, visual y artísticamente ciudades, bosques.
En este reto, hemos formado un grupo de tres personas, las cuales hemos desarrollado un Manifiesto: Manifiesto INDÓMITO, y hemos llamado al grupo: L@s Indomables
El trabajo lo hemos desarrollado inicialmente de manera personal y autónoma, para luego, integrar y complementar las distintas visiones. Inicialmente produjimos casi mil quinientas palabras, que tuvimos que recortar en hasta tres revisiones, para lograr 405 palabras en total.
Le dimos una estructura de Manifiesto, con un estilo propagandístico y centrado en el posicionamiento y la certeza de dejar nuestro posicionamiento muy claro. Esta estructura le da robustez y realza el contenido, haciéndolo creíble y autónomo por sí mismo.
El Manifiesto inicial nos quedó muy denso. Las diferentes revisiones realizadas por tod@s l@s miembros del grupo, fueron afinando y perfilando lo más relevante e importante a estas alturas del discurso.
Cosas que nos dejamos en el tintero y que es fundamental: transformación de las Instituciones tales como: Universidades, Museos. El rol de la “financiación” y sus tenazas en el mundo del arte. La Industria de la Guerra, una de las principales entidades financiadoras de Instituciones Artísticas, ocultas detrás de organizaciones no gubernamentales, prestas a manipular lo impensable.
El rol que hemos de jugar en este cambio, y dejar de pensar que la propia evolución per-sé las mejorará. Compromiso, claridad de pensamiento, y sobre todo consecuencia con aquél.
La independencia de la Investigación Artística frente a otras maneras quizás ortodoxas de investigación, no le quita rigurosidad, importancia, ni trascendencia a la primera.
Continuando con la “palabra”, independencia. Esta nos ha de acompañar desde el pensamiento primigenio, pasando por el proceso y llegando a la diseminación de lo investigado. Renunciando a la autoría si es preciso, pero con la meta intacta.
Hablando de ética, palabra muy socorrida y vilipendiada por los estamentos políticos, embriagados de aquella y olvidada en cada paso dado. Ejemplo diario y vivo, al que la sociedad se ha acostumbrado, y llegado a pensar que es lo “normal”. Que el comportamiento, el que fuere, tiene las lecturas que nos conviene en el momento adecuado, y que todo es coherente con los principios básicos de la convivencia… Y la sociedad en general, anestesiada, no sabe si creérselo, o simplemente, olvidarlo… una vergüenza intelectual. Ante ello, llamar a un colectivo a comprometerse éticamente es quizás una quimera, pero es una necesidad para la evolución de la sociedad, creemos.
Quisimos incluir la palabra humildad, el concepto comunidad, el silencio cómplice, la sumisión al poder, la monetización, la parafernalia de los eventos, el “blanqueo” de las instituciones, evitar el glamour…
Pero lo comparto con vosotras, y así también tenéis conocimiento de nuestra propuesta.


A estas alturas os comparto distintas notas inspiradas por las lecturas recomendadas.
Agradezco cualquier comentario y/o sugerencia.
davidcastro



Mi proyecto empieza a nutrirse de una serie de referentes teóricos y prácticos que me ayudan a comprender cómo “con el arte” puedo aprovechar para abordar la complejidad intercultural que está presente en mi proyecto. Que casualmente es el motivador de proponer un proyecto como este, sin pensar en los potenciales riesgos y fricciones que me podría encontrar y que poco a poco voy descubriendo. Desde el marco teórico, Bamford en El factor ¡waw! muestra que las artes no son un complemento decorativo sino un componente esencial del aprendizaje integral, y “eficaz” para fomentar la inclusión y el respeto a la diversidad cultural. Enfatiza que los sistemas educativos están enraizados en sus contextos culturales (y que son “utilizados” para su continuidad). Luego y durante las diversas lecturas, surge la pregunta de si los estudiantes son participantes voluntarios, o no. Y si los “padres” del Colegio estarían conforme de que sus hijos realicen estos grupos de trabajo con una metodología “alternativa”, pero probada en otros contextos, y utilizando el arte como herramienta. Este dilema me ha obligado a replantear mi proyecto: optar por una modalidad extracurricular voluntaria en Colegio. Ello no es una renuncia a la transformación, sino un posicionamiento ético que respeta la agencia familiar y reduce tensiones institucionales. Es así que desde la práctica pedagógica, el proyecto «Mons. Imaginar per fer» de Escola El Puig (Anna Sala Presas y Núria Matas Nin) me ofrece un modelo inspirador de cómo trabajar con la primera infancia y sin “abandonar” la metodología Reggio Emilia. Su enfoque en la «rotllana» (asamblea circular) como espacio de construcción colectiva de significado, su uso de exposiciones como motivantes de investigación y su incorporación de conceptos como el «cosmopolitismo educativo» resuenan en el contexto del Colegio, donde debo articular lo global y lo local sin homogeneizar las 63 culturas presentes. Por otro lado, también me interesó el proyecto Petare en Caracas, documentado por María Cristina González, demuestra cómo el método de John Dewey puede estructurar intervenciones artísticas transformadoras. Dewey propone que «pensar es el método de la experiencia educativa» y articula cinco etapas: problematización, observación/ejercicios, diálogos/preguntas, información contextual y reflexión. En Petare, artistas contemporáneos visitaron escuelas en contextos de violencia comunitaria, generando diálogos sobre resolución de conflictos que redujeron tensiones y desarrollaron vocabulario emocional en los estudiantes. Aunque mi contexto es radicalmente diferente, el método Dewey ofrece una estructura adaptable. Y personalmente prefiero algo más estructurado, secuencial y con objetivos claros. Aunque es cierto que otros proyectos que he revisado justamente actúan de manera “imprevisible”, hacia donde les lleve el destino… como por ejemplo, Zona Intrusa de Mataró Art Contemporani. Que me aporta el concepto del artista-educador como «intruso pedagógico» que entra en las dinámicas escolares con preguntas generativas, no con respuestas preestablecidas. Aunque trabaja con secundaria (y mi grupo objetivo es de 4-6 años), su pedagogía “rizomática” que valora el conocimiento negociado colectivamente y concibe el territorio escolar como espacio político y me inspira a mantener apertura a la emergencia dentro de mi estructura metodológica.
Cultivar sensibilidades, no transmitir valores (es mi concepto clave). He pasado de una concepción activista inicial (“corregir” sesgos, promover igualdad) a una postura, quizás, más humilde: crear espacios donde la diferencia cultural se pueda observar, nombrar, cuestionar y dialogar sin imposición. No busco que los niños aprendan qué culturas están «bien» o «mal», sino que desarrollen curiosidad ante lo diferente. El Arte como medio para estimular pensamiento. Siguiendo a González, el arte en mi proyecto no es el fin sino el medio para construir, deconstruir y reconstruir conocimientos sobre identidad y diferencia. Esta perspectiva/metodología constructivista reconoce que los niños de 4-6 años están formando sus primeros esquemas cognitivos sobre pertenencia, y el arte ofrece un lenguaje común que trasciende la diversidad lingüística de Colegio.
Metodología Dewey adaptada a Early Childhood, propuesta para el Colegio:
Etapa 1 – Problematización: Presentar situaciones que generen curiosidad genuina, por ejemplo: «¿Por qué celebramos fiestas diferentes en nuestra clase?». Año Nuevo se puede celebrar “varias” veces en el año.
Etapa 2 – Ejercicios/Observación: Actividades artísticas que hacen visible la diversidad: autorretratos, mapas de identidad, observación de objetos culturales traídos por familias, exposición a obras de artistas.
Es evidente que en este punto un “educador” debería de “ayudarme” a decidir los elementos a utilizar, ya que es la fase crucial en la que se despierta la curiosidad y se motiva la observación.
Así mismo, la asesoría de un artista, para que el arte nos ayude a decidir diferentes alternativas. Conjuntamente con el educador.
Etapa 3 – Diálogos/Preguntas: Rutinas de pensamiento visual del Proyecto Zero de Harvard: «¿Qué ves? ¿Qué te hace decir eso? ¿Qué más puedes encontrar?» En círculos tipo «rotllana», facilitar que los niños compartan historias familiares sin que se las interprete o jerarquice.
En esta etapa me debería de asesorar con un sicólogo, para que me ayude a evolucionar el diálogo con el alumnado, y cómo motivar y conducir el desarrollo del mismo.
Etapa 4 – Información contextual: Proporcionar contexto sin juzgar: «En algunas familias se celebra el Año Nuevo en enero, en otras en febrero, y en otras en septiembre. Todas las formas son especiales para cada familia.»
Etapa 5 – Reflexión: Crear instalación colectiva, por ejemplo el «Jardín de las diferencias» donde cada niño aporta una «flor» (metafóricamente hablando) que juntas formarán un jardín hermoso, materializando la metáfora de unidad en diversidad. Lenguajes artísticos: Collage (mapas de identidad con fotos, palabras en múltiples idiomas, símbolos personales), dibujo y pintura (autorretratos, representaciones de celebraciones familiares), instalación preparada por todo el alumnado (ensamblaje tridimensional de elementos diversos), fotografía y narrativa oral (círculos para compartir historias).
Objetivos específicos:
Mi posición actual sobre arte y educación surge de la tensión evidente entre una metodología ya aceptada e implantada, con la propuesta, utilizando la herramienta artística para lograr unos objetivos específicos. En este sentido el arte no participa como una disciplina autónoma sino como práctica transdisciplinar conectada con un contexto cognitivo y cultural. En el contexto de una diversidad cultural extrema como la del Colegio, el arte (creo yo) puede ser valioso porque funciona como lenguaje universal que permitirá a los niños con diferentes idiomas maternos comunicarse y construir “significados”.
Como elemento crítico hago la siguiente salvedad. Por un lado, el multiculturalismo folclórico expresado en comidas, banderas y trajes típicos, remarcando estereotipos, creo, no ayuda a construir el sentido de comunidad. Por otro, el ignorar las diferencias culturales bajo la premisa de que «todos somos iguales», anula las señas de identidad de los miembros de la comunidad.
Mi proyecto busca un tercer espacio: celebrar las diferencias, reconocer lo común sin homogeneizar. Asumo que mi posición de manera deliberada “ecléctica” sin duda debe tener un posicionamiento político concreto, con lo cual resaltar que mi posición no es neutra. Sin embargo, he aprendido (con Zona Intrusa) que explicitar mis intenciones sin imponer mis conclusiones es ético y, quizás, pedagógicamente más efectivo. Los niños deben llegar a sus propias comprensiones sobre la diversidad, y no repetir las mías.
Para finalizar, mi proyecto, al ser extracurricular y voluntario, crea un espacio seguro para explorar estas tensiones. Inspirado en el concepto de «intruso pedagógico» de Zona Intrusa, reconozco que traigo preguntas incómodas pero necesarias. El arte me permite hacerlas de manera suave pero profunda: a través de imágenes, objetos, metáforas y creaciones colectivas, los niños pueden aproximarse a temas complejos que serían imposible en un “formato” verbal.
pd.- He decidido eliminar el nombre de la Institución donde me gustaría implementar el proyecto y llamarlo «Colegio».
Bibliografía
Bamford, A. (2009). Conclusiones y pautas de futuro. En El factor ¡waw! El papel de las artes en la educación (pp. 163-176). Octaedro.
Benjamin Franklin International School. (2024). Early Childhood Program: Reggio Emilia approach. https://www.bfischool.org/early-childhood
González, M. C. (s.f.). El arte en las escuelas no es un juego de niños. Errata#. Revista de artes visuales. Nº 4 (20-40).
Mataró Art Contemporani. (2006-2025). Zona Intrusa: Programa de arte en las escuelas. https://www.mataroartcontemporani.cat/posts_projectes/zona-intrusa/
Project Zero. (s.f.). Artful Thinking: Rutinas de pensamiento visual. Harvard Graduate School of Education. https://pz.harvard.edu/
Sala Presas, Anna i Matas Nin, Núria. (Abril 2018). Mons. Imaginar per fer. Escola Cooperativa El Puig. Cataluña. Páginas 134-140.

Luego de haber realizado este Reto, me siento totalmente abrumado y en algún momento «identificado» con los procesos de Investigacion Artística, realizados por diversos artistas y colectivos alrededor del «banano», y dentro del proyecto: «El despojo y la memoria de la Tierra». Apoyado por las diversas metodologias leídas y aprendidas, y haber entendido como el arte participa en los procesos, de maneras diversas. Sobre, Para y A Través del arte.
Quien mire esta imagen y relacione el arte, lucha, sufrimiento, diáspora, no pasará inadvertido el momento y posiblemente el placer de su degustación.
El activismo, o artivismo, es una manera explicita de posicionarse políticamente. No reconocerlo, solo denota «desconocimiento» de lo «evidente». Contextos pasados han construido, la mirada y el trazo.
Descubro que la Investigacion a través del Arte, define el Arte como método per se. Ello no quiere decir que uno es mejor que otro, que va. Quiere decir que el arte, puede estar tangencialmente con el proceso o ser finalmente el proceso.
Un tema que queda pendiente de evoluciónar o «madurar», es aquel basado en juegos, ya que por el momento suele utilizarse en ámbitos educativos. Estos métodos lúdicos pueden aportar una mirada diferente y emriquecedora.
Así mismo, el IBA (Investigación basado en las artes), mantienen críticas a resolver. En ocasiones se cree que las imágenes y los textos pueden hablar po sí mismos….. en otras, poco fundamentada teóricamente.
Noviembre 2025.

Pública Mi proyecto “Sobredosis de dolor infantil” es una continuación de diversos proyectos realizados para varias asignaturas cursadas en la UOC en el grado de Artes. Mi preocupación como persona y artista, estética, ética, y diría moral: cómo podemos “educar” a los diversos sentidos para sensibilizarnos ante el sufrimiento humano, y sobre todo, el de la niñez en los procesos de guerra. Y no permitirlo.
Esta bitácora tiene como propósito documentar mi proceso de búsqueda, registrar las derivas, las lecturas y los encuentros que van configurando este nuevo proyecto. Entiendo el arte, como plantea Pilar Díez del Corral, no como un lujo o una técnica, sino como “un medio para pensar, cuestionar y reimaginar el mundo”; y la educación artística como una forma de “enseñar a mirar, sentir y comprender la diversidad humana”. He de decir que esta artista me acompaña en diversas derivas de mi arte, y mi conocimiento intelectual.
En diálogo con diversos autores/artistas como Hal Foster, donde se ha de reconocer la posición del artista y la dimensión política de la práctica. Me interesa, tambien, cómo el arte puede actuar como generador de pensamiento crítico y de un sentido de justicia y rechazo contra el abuso de los indefensos.
Durante estas semanas he empezado a explorar diversos agentes relacionados con la educación artística y la intervención social, así como, descubrir nuevas experiencias artísticas que transitan por el trauma infantil y la memoria colectiva. Esta bitácora es/será un espacio de reflexión que pretende servir de base para el desarrollo de mi proyecto.
https://drive.google.com/drive/folders/1VCZKDUArHdo7HnSg4SLYjD8HrS8vFxZ5?usp=share_link
https://drive.google.com/drive/folders/19pYBmva-l9ABi2xehIfKGVo8rEqsokG8?usp=share_link
https://drive.google.com/drive/folders/1G5YAPpcMfWjOCCTJ5PSGrqm409JSAJXy?usp=share_link
Pública Miramar opera desde una coautoría, ya que el escultor firma la obra, pero el colectivo POLS co-produce el proyecto al ceder espacio, gestionar montaje y activar redes.
Sobredosis mantiene autoría individual. Los colaboradores (técnico de sonido, personal de sala) desempeñan roles auxiliares sin participación creativa en la conceptualización.
Miramar. Financiación colectiva, trabajo no remunerado, cesión gratuita de espacio. Opera como «intersticio social» fuera de lógicas capitalistas. Recursos materiales mínimos, capital simbólico compartido.
Sobredosis. Dependencia institucional. Requiere infraestructura técnica profesional (sistema de sonido, sala acondicionada). Busca financiación mediante becas, convocatorias o apoyos de centros culturales. Mayor inversión económica, distribución jerárquica de recursos.
Miramar: Circuito autogestionado. POLS se autodefine fuera del sistema institucional convencional, aunque mantiene conexiones estratégicas con agentes consolidados.
Sobredosis: Negociación con instituciones consolidadas. Busca espacios universitarios, centros culturales o galerías con capacidad técnica. Requiere protocolos de seguridad, permisos, seguros. Mayor formalización burocrática.
Miramar: Ampliación de límites. El espacio mismo (POLS) es producto artístico y político. Se autodefine y se autoregula.
Sobredosis: Adaptación a espacios convencionales. Necesita sala para hacerla oscura, sistema de sonido envolvente. Opera dentro de tipologías espaciales establecidas (cubo negro vs. cubo blanco) sin cuestionar la institución-contenedor. Pero se espera oposición por definición, posición política.
Miramar: Difusión horizontal. Redes sociales, boca a boca, medios culturales locales. Temporalidad extendida sin “presión comercial”.
Sobredosis: Difusión vertical y programada. Quizás nota de prensa institucional, agenda cultural oficial. Activación controlada: grupos pequeños, turnos organizados, protocolos de entrada/salida. Temporalidad limitada.
Miramar: Conocimiento compartido. Aprendizaje colectivo sobre gestión de espacios, construcción de comunidad, economías alternativas.
Sobredosis: Conocimiento transmisible. Investigación sobre representación del horror, técnicas de inmersión sensorial. Se documenta formalmente (memoria, video-registro) para circulación académica o profesional.
7.1 Tipos de sociabilidad que produce cada proyecto
Miramar ejemplifica lo que Bourriaud (2008) denomina «arte relacional en su expresión más literal»: la socialización es el contenido mismo de la obra, no su efecto secundario. La dimensión socializadora opera constantemente: en las reuniones de preparación, en las conversaciones durante la inauguración, en los encuentros posteriores que el espacio facilita…
Sobredosis, en cambio, produce una sociabilidad intensa pero efímera y controlada. Busca transformación del espectador que luego puede, o no, activarse políticamente (finalmente).
7.2 Modelos de interacción con el público
Miramar: Modelo de convivencia. El público puede regresar múltiples veces.
Sobredosis, no existe contacto con el autor de la instalación. Una segunda visita no se espera, ya que pierde el elemento “sorpresa”. No hay intercambio de opiniones entre el público.
7.3 Tensión transformadora.
Ambos proyectos pretenden transformar al público. Pero no hay herramientas que puedan corroborar que esto se logre, aunque se puede intuir por los comentarios de aquél. Siempre en un espacio temporal limitado.
Miramar es un modelo colaborativo que construye infraestructura propia desde prácticas comunitarias. Sobredosis responde a un modelo individual que “negocia” con estructuras institucionales existentes para difundir mensaje urgente.
¿Podría plantearse un desplazamiento de Sobredosis hacia un concepto más colaborativo como Miramar?, ¿hasta dónde se perdería la seudo independencia política? ¿ganaría un cliché, subordinado al lugar, o asociación que acoja la instalación?. Las relaciones generará, quieras o no, un posicionamiento político..
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